sábado, 20 de febrero de 2016

LA PRISIÓN DE NUESTRA PERSONALIDAD



De Till Krech from Berlin, Germany - ugly masks, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4106326


Somos una mezcla de nuestra genética, nuestras experiencias y el entorno.





1º GENÉTICA. EL FACTOR MENOS DETERMINANTE


Los seres humanos nacemos provistos de un código genético que determina algunos aspectos de nuestra personalidad. Esta circunstancia se debe a que nuestro ADN define la estructura neuronal y física de nuestro cerebro, es decir, podemos heredar de nuestros padres la cualidad de segregar hormonas como la serotónina, la dopamina y la noradrenalina en mayor o menor medida. Estas sustancias son neurotransmisores que influyen en la capacidad de sumisión, de liderazgo, la tolerancia al estrés o la predisposición al riesgo y las adicciones.

Luego está el sistema simpático, encargado de las reacciones a determinadas situaciones y que depende de la psicopercepción de un estímulo de carácter emocional no neutro. Este mecanismo de defensa puede alterar el ritmo cardiaco, la respiración, la dilatación de las pupilas, la estimulación de las glándulas suprarrenales, la sudoración e incluso es capaz de aumentar nuestra fuerza y es lo que nos hace huir, defendernos, atacar o quedarnos paralizados en situaciones que nuestro cerebro puede interpretar como peligrosas. El sistema simpático puede heredarse por ser algo de naturaleza anatómica.



2º NUESTRAS VIVENCIAS. CAUSA-EFECTO Y APRENDIZAJE


Es evidente que determinadas experiencias (traumáticas o no) pueden marcarnos para siempre y crear manías, fóbias o rasgos y conductas inducidas por acontecimientos de nuestro pasado, siendo la infancia y la adolescencia las etapas donde el individuo es más facilmente influenciable. Algunos transtornos afectivos y de personalidad se forjan durante estás primeras etapas de la vida y algunas situaciones cotidianas pueden alterar los niveles de estrés y ansiedad independientemente de la predisposición que tenga cada uno a sufrirlas. El consumo de ciertas sustancias imprimen cambios en el carácter incluso cuando no se está bajo sus efectos y otras como el alcohol a través de un consumo crónico son capaces de  atrofiar el cerebro, llegando incluso a reducir su tamaño de manera muy considerable.

Tambien nuestra capacidad de aprendizaje influye en nuestra personalidad en la medida que afecta a la hora de volver a afrontar situaciones ya vividas anteriormente y el conocimiento adquirido puede cambiar nuestra concepción de las cosas, con todo lo que ello conlleva. 




3º EL ENTORNO. CASI TODO LO QUE SOMOS


La cultura, nuestros padres, nuestra localización geográfica o nuestras amistades son lo que determinan la mayor parte de nuestra forma de ser, siendo las compañias durante la adolescencia lo que más influirá en nuestro carácter. Nuestros hijos en edad rebelde desarrollarán formas de conducta extraidas de su circulo de amistades (también influenciado a su vez por otros factores externos y sociales) en mayor medida que de de su entorno familiar o doméstico. Durante este periodo desarrollamos gran parte de nuestras habilidades sociales, nuestro comportamiento se verá directamente afectado por un torrente de sustancias que nuestro cuerpo producirá de forma natural (hormonas).




CONCLUSIÓN.


Aunque el carácter es flexible y puede cambiarse voluntariamente de multiples formas como  con terapia cognitiva, fármacos o la propia voluntad (si es lo bastante fuerte), por ejemplo, no somos responsables de nuestra personalidad ni de sus implicaciones. Nuestras acciones  dependientes del carácter, vienen determinadas por factores que están más allá del bien y del mal y que tienen más que ver con el azar que con la capacidad de elección.

La responsabilidad de los actos cometidos no reside en nosotros mismos, pero es la consideración que hace sobre ellos nuestra cultura y la moralidad establecida en nuestro colectivo social, la que los cataloga como buenos o malos.

En la actualidad las cárceles están llenas de criminales que a su vez son víctimas, ya que sus mentes les engañan haciéndoles creer que tienen absoluta libertad en la toma consciente de decisiones, pero en realidad es el subconsciente quien decide por ellos. Es en las últimas décadas y gracias a la demostración científica de nuestro limitado albedrio, que algunos paises se plantean una reforma de sus códigos penales así como la revisión de las condenas a imponer. A día de hoy la mejor solución ha sido apartar a estos elementos discordantes de la sociedad recluyéndolos en prisiones, y así seguirá siendo mientras el factor cultural no sea lo suficientemente efectivo como para tener un poder preventivo en la totalidad de los futuros delincuentes. 

es muy posible que lo que llamamos libre albedrío sea una ficción cerebral.
¿Somos realmente libres? descargar PDF
 


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