domingo, 27 de marzo de 2016

LA FELACIÓN Y SU PAPEL EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL







¡CON LO BIEN QUE ESTABAMOS!

A finales del siglo XX el mundo gozaba de una aparente cordialidad sin precedentes en las relaciones bilaterales entre USA y Rusia. En la retina de quienes vivimos aquella época quedan imágenes como la de Boris Yeltsin tocando el culo de una azafata ante la sonora carcajada de otro golfo como Bill Clinton. La industria del cine hacía tiempo que no producía películas de invasiones soviéticas en suelo americano y las armas nucleares de ambas potencias comenzaron a desmantelarse parcialmente cerrando así un periodo de incertidumbre ante la posibilidad de una guerra mundial apocalíptica.  Y aunque en el panorama internacional se producían atentados en embajadas estadounidenses de países como Kenia, que a los europeos se nos antojaban lejanos, estos actos financiados por el multimillonario Bin Laden, antiguo agente de la CIA, se parecían más al sonido nocturno de un mosquito pitando con arrogancia al oído de su futura presa, advirtiendo al durmiente de que “estoy aquí y he venido a picarte y provocarte una irritación que será molesta, así que puedes levantarte y aplastarme con tu zapatilla”. Se podría decir que aquella guerra se percibía como otra más de las que se servía E.E.U.U para dar salida a su industria armamentística.

Pero entonces estalló el escándalo de la becaria Mónica Lewinsky quien hubo practicado una exitosa felación al presidente Bill Clinton, bastante tiempo atrás, y aportó restos de semen presidencial fosilizado para demostrarlo. Un acontecimiento tan mundano como aquel, si se hubiera producido en Italia con Berlusconi como protagonista, no habría pasado de la anécdota, pero en Estados Unidos aquello desencadeno un vergonzoso episodio que dejaba de manifiesto una vez más la doble moral americana. Corrieron ríos de tinta, las televisiones de todo el mundo hablaban de ello sin parar y hubo hasta un juicio donde se pretendía aclarar si la versión de la Lewinsky era cierta.

La popularidad de Clinton bajaba en picado ya que si se demostraba todo aquello no solo habría mentido a los estadounidenses sobre su vida privada, sino que además y hasta el momento de su confesión pública, se le colgó la etiqueta de más que presunto adultero, y aunque a un presidente americano se le permitan las sangrientas invasiones a otros países en nombre de la democracia, el adulterio era algo intolerable para aquella puritana sociedad americana. Curiosamente el mismo día que la antigua becaria tenía que testificar sobre el asunto de la felación, se produjo el doble bombardeo en Afganistán y Sudán. En el Afganistán de los talibanes se destruyeron seis bases de entrenamiento para terroristas de todo el mundo, según Clinton, y en Sudan una fábrica de medicamentos por si acaso estaban fabricando allí armas químicas. Por cierto, Sudan había expulsado tiempo atrás a Bin Laden a petición precisamente de Estados Unidos.

Sin entrar a valorar si los actos de guerra estadounidenses fueron en legítima defensa o no, el hecho de que coincidieran con la declaración de Lewinsky desprendió un putrefacto olor a cortina de humo para manipular a una opinión pública estadounidense siempre ultrasensible a la cuestión patriótica. Este hedor llego a todos los rincones del mundo islámico, fomentando así el odio hacia el imperialismo yanqui y haciendo que los habitantes de estos países culpabilizaran aún más de su situación precaria al conjunto de la sociedad norteamericana.

El asesinato en Serbia del archiduque Francisco Fernando (heredero del imperio austrohúngaro) se considera la excusa que desencadeno la primera guerra mundial, la invasión de Polonia por el ejército nazi provocó la segunda y quizás la tercera y actual guerra mundial, más difuminada en el tiempo y en el campo de batalla, empezó con una mamada.

¡Qué mundo de locos!
 
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