lunes, 25 de diciembre de 2017

EL ODIO Y SU EFECTO BOOMERANG







“Desde el alba hay que decirse con énfasis a uno mismo: me toparé con el entrometido, con el desagradecido, con el soberbio, con el taimado, con el malicioso, el insociable.”

(Marco Aurelio)



Hay sentimientos como la envidia o el resentimiento que aunque se proyectan hacia el prójimo terminan por mermar la salud de quién los genera, es decir, aunque consigan dañar al otro, siempre causarán mal en el cuerpo de donde surgieron. ¿Pero de dónde nacen y porqué son retroalimentados a pesar del dolor que auto infligen?

 Nacen del daño o de la ignorancia y se alimentan de la ausencia de razón.

ODIO POR DAÑO:



Es el único que puede llegar a estar justificado ya que nuestro instinto nos protege a través de la rabia, el odio o la ira de quién nos causa dolor a nosotros o a nuestros seres queridos, a quién amenaza con cambiar nuestro modo de vida o empeorar la calidad de ésta. Desde la lógica más elemental del ser humano el ojo por ojo está incrustado en nuestro subconsciente desde la más tierna infancia.

Cuando  en mi interior disecciono dicho sentimiento en su esencia, comprendo de lo nocivo de seguir alimentando a semejante monstruo y termino por compadecerme de la estupidez de mi enemigo, quién me causó mal sin razón legítima. Está comprensión del problema no me hace desistir de infligir la venganza o el castigo a mí adversario, pues forma parte de  la rueda de la vida hacer justicia en la medida de lo posible para colaborar con el bien colectivo.

  

ODIO POR IGNORANCIA:


Sin daño previo. Se puede curar con conocimiento, ya que al comprender al sujeto que odiamos dejamos de justificar nuestra aversión por él. No es innato, se aprende de otros por adoctrinamiento del entorno familiar o social y su aceptación se debe a la pobreza moral e intelectual de quien lo acoge. Hay gente que solo necesita una diferencia insignificante en el otro para odiarlo, como el lugar de procedencia, color de la piel, religión o condición sexual por ejemplo, aunque también puede venir acompañado de envidia a quien es más elegante, exitoso, afortunado o culto que el que odia. Esta conducta solo se debe castigar o corregir de alguna forma si causa dolor a los demás, pues quién la sufre ya tiene bastante condena por la miseria de su interior.

No olvidemos que la estupidez no siempre se cura leyendo puesto que puede infectar a los más eruditos. La cultura no nos enriquece como personas si no sentimos empatía hacia el prójimo. 




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