lunes, 11 de diciembre de 2017

EL SENTIDO DE LA VIDA ES MICROSCÓPICO.


           LA FILOSOFÍA NO TE DARÁ LA RESPUESTA.

      

      

El ser humano siempre se ha preguntado cual es el sentido de la vida a través de interrogantes tales  como ¿quién somos, dónde vamos y de dónde venimos?
Filósofos de todos los tiempos han intentado desentrañar estos misterios a través del raciocinio y la reflexión, sin llegar a una solución satisfactoria a la eterna pregunta. Para Platón el sentido de la existencia era una forma superior de conocimiento mientras que para su discípulo Aristóteles la vida cobra sentido a través de la virtud. Sin embargo ellos no podían saberlo pues la respuesta estuvo oculta hasta la edad moderna, incluso hoy la gente corriente como tú y como yo no podríamos averiguarlo sin la ayuda de la ciencia y potentes microscopios.



          A LAS RELIGIONES NI  PREGUNTES


                                                                 Judíos orando en la sinagoga en Yom Kipur. Oleo sobre tela del pintor Adolph Gottlieb.


Dependiendo de a que religión consultes recibirás una respuesta u otra según convenga a la doctrina que siga ésta, por lo tanto los curas católicos, reverendos protestantes o imanes musulmanes, entre otros, no son una fuente fiable y teniendo en cuenta que desde siempre y hasta el día de hoy se han cometido en nombre de Dios monstruosidades tales como guerras santas, cruzadas, inquisición, colonizaciones a golpe de arcabuz, terrorismo yihadista ect., mejor respuesta nos darán al sentido de la muerte que parece su especialidad.
Y a la religión dominante actual, la adoración por el dinero, ese tipo de planteamientos no parece interesarle ya que basa su doctrina en lo material.



             LA SOLUCIÓN ESTÁ EN TUS CELULAS 

 

 Para mí está claro. No es el amor, como diría un romántico, ni tampoco compartir, como diría la buena gente, lo siento, es algo mucho más sencillo y mágico, casi imperceptible hasta para los científicos que lo descubrieron.
 Desde que se originó el primer organismo en el caldo primigenio hasta el fin de la evolución, si es que hay un final para ella, el objeto de la vida ha sido y será perpetuarse a sí misma y para ello se sirve de la reproducción. No digo que el sentido de la vida sea copular, no estaría mal, pero más bien la razón por la que estamos aquí es la transmisión genética, y esto es así porque todo lo vivo aspira a eternizarse a través de sus genes, y aunque algunas personas decidan no hacerlo, sus cuerpos están programados para ello. 
La transmisión genética explica empíricamente quienes somos, dónde vamos y de dónde venimos.
Yo soy el producto de millones de años de evolución, soy un décimo de lotería genética premiado, una combinación de moléculas de ADN que mis antepasados han conseguido enviarme a través de los siglos en un viaje épico lleno de dificultades. Esto mismo sirve para explicar de donde vengo.
A donde voy dependerá de donde llegue el último ser humano que porte uno solo de los genes que yo tengo, porque la vida somos todos, desde un virus a una ballena azul y la vida se hereda como una antorcha olímpica que hay que custodiar hasta que la recoja el siguiente atleta.

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