jueves, 18 de enero de 2018

EL TIEMPO CONCEPCIÓN CIENTÍFICA Y FILOSÓFICA





INTRODUCCIÓN

 
Una mente reflexiva puede cambiar la percepción de su propia existencia y la de los demás, pero para ello hace falta precisamente eso, reflexión, algo que escasea en los tiempos que vivimos, ya que los seres humanos estamos cada vez más alienados con el consumo, las sustancias y el aborregamiento colectivo que provocan los medios de comunicación, si a esto sumamos las proliferantes conductas aberrantes que incomprensiblemente se dan en la actualidad, como por ejemplo, racismo, xenofobia, nacionalismos, patriotismos o localismos, que abogan por las diferencias en vez de cuidar las coincidencias, hasta tal punto de llegar a estar orgullosos de la endogamia, o como se conoce popularmente, “ser de pura cepa”, en vez de tener el orgullo de ser producto de un mestizaje que sin duda enriquece nuestra genética y la de nuestra descendencia, si  también sumamos la estupidez abrupta de sentirnos mejor o superiores a otros, parece inevitable darse cuenta de que en el mundo contemporáneo quién tiene la capacidad de pararse a reflexionar sobre lo cotidiano es alguien privilegiado. Conviene pues no despreciar a quién si lo hace ya que a pesar de no estar libre de errar en sus apreciaciones, es gracias a esta minoría que el conocimiento universal avanza evitando así el estancamiento de la humanidad en su propia estupidez. Ojalá las generaciones venideras no pierdan capacidad reflexiva a pesar de que las tecnologías cada vez se lo pondrán más difícil.


Llegados a este punto, como siempre ofrezco mi humilde opinión, autodidacta y forjada en la ausencia de la influencia de los círculos académicos y en la libertad de no esperar reconocimiento alguno a excepción del  mío propio por mi esfuerzo reflexivo y de no temer la falta de aceptación de mis teorías por parte de quienes poseen el poder de validar la verdad desde sus sociedades científicas elitistas.

Sostengo que se debe intentar tener una comprensión certera de lo que es el tiempo a través de una combinación de dos concepciones, ya que una (la física) desentraña su naturaleza dimensional con medidas tangibles, como la masa, la densidad o el espacio, espacio que por cierto está unido al tiempo de una manera intrínseca. Para ello puede servirse de la matemática o la cosmología por ejemplo. Pero a través de la otra (la filosofía) podemos desenmascarar la apariencia perceptiva que tenemos del tiempo y llegar a entender cómo afecta en realidad a nuestra vida.



 ÉRASE UNA VEZ EL TIEMPO

  




El Big Bang o gran explosión se produjo por las extremas condiciones de densidad y temperatura que se dieron en el instante preciso del nacimiento del universo tal y como lo conocemos, porque el universo anterior que desconocemos, existía, aunque en un espacio infinitamente inferior al que se originó una milmillonésima parte de segundo después de la explosión y por eso es de prever que  al ir íntimamente unidos el espacio y el tiempo, también este último existiera de manera minúscula en el diminuto universo pre-Big Bang, donde toda la materia cosmológica se encontraba aprisionada en apenas el volumen que ocupa una canica. Antes de este momento no podemos saber que ocurrió, aunque yo soy de los que creen que para que se produzca un Big Bang, primero hace falta un Big Crunch (Colapso universal por la fuerza de atracción gravitatoria) Es decir en un globo cósmico que se infla y desinfla constantemente en un ciclo perpetuo originando cada vez un nuevo universo. Es como si la materia se diese infinitas oportunidades de crear todo lo que es. Por ello creo que antes del nuestro tuvo que existir uno anterior como mínimo.

LA EXPANSIÓN DEL UNIVERSO



A raíz de esa enorme explosión, desatada con tal furia que jamás se volverá a producir otra de tal dimensión hasta el siguiente Big Bang que origine el próximo universo, la fuerza impulsora de la materia, al igual que una onda expansiva producida por una bomba o el impacto de un  meteorito, por ejemplo, obliga a los objetos celestes a alejarse entre sí cada vez más, de la misma manera que los puntos de la superficie de un globo se alejan al inflarse. Esta circunstancia es la responsable de las actuales propiedades del Espacio-Tiempo, que además está tremendamente influenciado por la masa de los cuerpos, capaces de distorsionar la forma de la membrana espacio-temporal y por consiguiente sus constantes, haciendo de ésta algo inestable, o como diría Albert Einstein, relativo.

Si bien es cierto que en el actual Todo, el tiempo y el espacio son la misma dimensión, indivisible e inseparable y regida ésta por las newtonianas leyes de gravitación universal, también es cierto que en un universo diferente, originado de otra manera y donde las leyes físicas podrían ser diferentes, también esta dimensión pudiera ser diferente o divisible y regida por otras constantes cosmológicas.


Pero vamos con lo nuestro, con el cosmos que nos vio nacer, nuestra casa, nuestra madre naturaleza tan grande como lo más grande que podamos imaginar, porque al fin y al cabo lo que no se puede imaginar no es grande sino infinito y el universo si tiene un final, unos bordes y fronteras aunque jamás lleguemos a divisarlos. Volvamos al concepto del globo que se infla como consecuencia de una explosión, un globo cuyos bordes se ven alterados por cuerpos celestes muy pesados, y esa deformación del Espacio-Tiempo producida por estrellas y planetas, hace que los segundos transcurran a mayor o menor velocidad según su curvatura. Véase la imagen de abajo.





¿QUÉ ES EL TIEMPO?

 
Nunca lo sabremos con exactitud. Y esto es así porque ni siquiera sabemos que rostro tenemos o que color tiene el cielo. Solo podemos asegurar como percibimos la naturaleza (Espacio-Tiempo incluido), pero jamás llegaremos a saber a ciencia cierta cómo es en realidad. Pincha aquí para saber porqué: http://obrerodigno.blogspot.com.es/2016/01/mas-alla-de-la-verdad-la-ilusion.html

Y nosotros, que viajamos a lomos de él, al igual que un corazón que algún enamorado grabó en el tronco de un roble se mueve cuando éste crece, cada vez que el árbol hace un esfuerzo para alcanzar la luz y se estira hacia el sol, el dibujo se eleva con él, así viajamos a través del universo y en el tiempo nosotros los homínidos insignificantes, viajeros pasivos que apenas hemos alcanzado nuestro propio satélite, arrogantes organismos que aún seguimos anclados en la prehistoria sin saberlo, animales torpes que siguen luchando por sobrevivir a guerras, hambrunas, enfermedades y sistemas injustos que nos esclavizan injertando en nuestras mentes el deseo de placer como una nueva forma de consumismo, además del deseo de bienes materiales inservibles que nos apartan de la capacidad reflexiva. Aún estamos huyendo de los Dientes de Sable, que ya no son grandes felinos, sino sociedades enfermas y decadentes que destruyen el planeta. Nos adentramos en la cueva del oso del paleolítico que en estos días es Capitalismo, armados con avaricia en vez de lanzas, para saciar el hambre de poder y no la necesidad de alimentos que sustenten a nuestro clan. Corremos delante del León Cavernario llamado pensamiento, que amenaza con devorarnos si no nos damos suficiente prisa, si no somos tan rápidos como para trepar a los árboles y escapar de él, ya que si nos detenemos corremos el riesgo de darnos cuenta de lo efímero e  insignificante del ser humano que ni siquiera ha sabido evolucionar con dignidad.

 Como diría el replicante aquel ¿Qué somos sino lágrimas en la lluvia?, ¿De qué nos sirve comprender las leyes espacio-temporales si ni siquiera comprendemos nuestro lugar en el océano cósmico?, ¿Para qué queremos colonizar nuevos mundos que destruir o esquilmar como hacen las termitas a los árboles llenos  vida y belleza? Si el sentido de la vida es perpetuarse a sí misma a través de la transmisión genética, ¿Para qué perpetuar una especie que hace que se extingan otras muchas? ¿Esto es lo que el ser humano quiere hacer con su tiempo?


  



LO IMPORTANTE NO ES SABER QUÉ ES EL TIEMPO SINO LO QUE HACEMOS CON ÉL



Sabemos que es tan inmenso como el universo y conocemos su funcionamiento y composición física, comprendemos las leyes que lo gobiernan y quizás algún día sepamos como viajar a través de él, pero al igual que un mono con un libro, no sabemos usarlo adecuadamente. Hemos visto el lapso total de 15.000 millones de años que hemos dejado atrás sin tan siquiera imaginar lo que aún queda por delante, tenemos consciencia de la pequeñísima porción de tiempo que se nos ha sido concedida a cada uno y aun así nos afanamos en desperdiciarla viviendo como zombis de una civilización enferma que huye de la solidaridad y la empatía, como nuestros ancestros homínidos lo hacían de sus depredadores naturales.

Los estoicos decían que el pasado no se puede cambiar, ni tampoco debe preocuparnos el futuro ya que ni el uno ni el otro existen, solo un presente continuo y un segundo eterno. Pero a mí aun me queda la esperanza de que se produzca una improbable circunstancia cuando llegue el  big crunch y el Espacio-Tiempo se contraiga y los acontecimientos transcurran hacia atrás y no hacia delante como con la expansión, cuando debido a este cese del impulso de la gran explosión, las galaxias vuelvan a atraerse de manera proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias, libres de la maldición de estar cada vez más alejados entre sí, como los seres humanos con sus teléfonos móviles, sus e-mails y sus videoconferencias. Una bellísima idea que alguien imaginó, hermosa por su extremada sencillez y esperanzadora por lo que representa, por la segunda oportunidad que nos podría ser concedida. No creo en ella, pero quiero creer que se producirá algo así, que naceremos en las tumbas y moriremos en el vientre materno, ahora sí con la conciencia tranquila de haber utilizado bien el tiempo.









José Miguel Millán Durán

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